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Por Mai Gervasio y Angelina Siles

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Ni un beso, ni un adiós

¿Qué pasa con las personas que se van sin despedirse? Pasan los meses y una sigue esperando un mensajito, una explicación, una excusa, un te quise, un adiós… ¿Acaso no fui lo suficientemente importante en su vida como para despedirme?

 

Le damos vueltas y vueltas al asunto, pensamos si habremos hecho algo mal (porque ese chip de la culpa, ay por favor), repasamos CADA-MOMENTO-Y-CADA-PALABRA, releemos chats para ver si de verdad pasó todo lo que recordamos o la flashamos mal. A veces pasa, nos montamos una re película y cuando miramos más objetivamente, caemos en que lx otrx no estaba en la misma sintonía. Pero cuando en el repaso vemos amor y ternura, conexión e intensidad, intimidad… Hay algo que no cierra. Y le mandamos un mensajito más (no sé, capaz estaba de viaje de urgencia en Mozambique y no tenía cobertura) pero nada. “¿De qué murió?” Van a preguntar, “de dos tildes azules clavadas en el pecho”.

 

Quizás existan personas que posta, posta dicen “ah, si no me das bola, andá a cagar”. A mí ese gen no me tocó, será la falta de fuego en mi carta natal o alguna herida transgeneracional, no sé, capaz tengo más suerte en la próxima vida. Sé que no soy la única. Le inventamos mil excusas a personas que no se toman la molestia de dar ninguna. Aunque la conclusión más probable es que es unx idiota sin responsabilidad afectiva. La verdad es que se activan fibras súper sensibles. Las heridas de abandono aflorando como pinchando en la piel. Tan rotxs estamos que es más fácil desaparecer que saludar y buscar errores en nosotrxs que aceptar que se fue sin más. Y la pregunta que probablemente quede eternamente sin respuesta: ¿será que de verdad alguna vez me quiso?

 

Hay personas que se nos encajan debajo de las costillas y son difíciles de sacar, eh. Igual, en algún momento comienzan a aflojar. Gracias por el aporte a mi existencia, váyase de mi corazón lo antes posible, por favor. Una lloradita en la ducha cada tanto, un par de cartas que nunca serán enviadas, un bloqueo en redes por las dudas, catarsis periódicas con amigues y/o en terapia (vayan a terapia, hace bien) y de a poco va cediendo… Algún día deja de preocuparte cruzarle por la calle o, mejor aún, se cruzan y tu frecuencia cardíaca permanece inmutable. Listo, la cicatrización va bien, seguí cuidándola por las dudas. Al menos eso es lo que me contaron… Le pasó a una amiga.

 

 

Yo creo, y ésta es una apreciación muy personal, que ghostear es la decisión fácil de la vida. Porque es muy difícil hacerse cargo de lo que a uno le pasa y poder expresarlo. Siento que vivimos presionadxs por el rendimiento de nuestras acciones, gracias capitalismo, no te queremos ni una m$%&#.

 

Quizás, la otra persona no necesite tantas explicaciones y un simple “no quiero más esto” sea suficiente. A veces no podemos explicar lo que nos pasa, pero sí es necesario poner límites y salir del campo de la no acción. Siento que ghostear personas en la vida es un poco descartarlas como tirar un papelito que tenías en la mesa a la basura, por lo menos así se siente.

 

Cuando me he visto sin responder mensajes o ghosteando a personas me di cuenta que lo que estaba pasando era que no tenía ganas de enfrentar lo que sentía por el otrx. En vez de decir “mirá la verdad que no tengo más ganas de hablar con vos, ni de hacer nada con vos. Adiós”

¿Qué sentís cuando te ghostean?

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